sábado, 10 de enero de 2015

LA CONCIENCIA

MICRORRELATO

Tomar una decisión puede parecer fácil. A veces sí que es sencillo. Otras no. La conciencia me ayuda a distinguir lo que es bueno de lo malo. Es como un juicio.
Primero pienso lo que debo hacer y lo que debo evitar. Muchas veces me pregunto: “Eso lo puedo hacer, pero ¿lo debo hacer?”. Después actúo.
Pero no acaba el trabajo de la conciencia. Después de actuar, si he elegido bien, tengo una sensación agradable, alegre, de paz. Sin embargo, si elegí mal, me noto inquieto, molesto y a disgusto.
Quisiera saber si la conciencia es igual para todos, porque algunos parece que consiguen engañarla y la convencen de que lo que está mal es lo bueno y así pueden estar tranquilos. Creo que la mía no se dejará engañar nunca.


Autor: Jorge Ramírez Florido. 6º Nivel.


MICRORRELATO


Durmiendo, soñando, bailando, riendo, llorando.
La conciencia busca alquiler en la fábrica de los pensamientos.
Llegas a tu casa y puede que tu mejor almohada sea la conciencia.
Tu familia, amigos y tu mascota, te pueden abandonar, pero tu conciencia siempre estará contigo.
Mantiene un combate con tu forma de pensar.
Es tu escudo… tu solución.
Viene a ser como un juez interno y propio, que te aconseja siempre bien, en fin, es un don divino.
Es esa vocecilla que te ayuda.
La conciencia te arresta y a la vez te protege.
Nos ayuda a salir adelante. Su trabajo es refugiarse en tu mente, opinar o juzgar.

Autora: Gema Comitini Trujillo. 6º Nivel.



MICRORRELATO

Soy yo, la que está dentro de ti, en tu cabeza, la que te avisa de los peligros, la que te previene, aunque a veces pases de mí, yo sigo haciendo mi función. La verdad es que me canso un poco de repetirte las cosas, pero te lo digo otra vez, que si no hiciera mi función ¿qué serías tú sin mí?


Autora: Mar Pérez Cendón. 6º Nivel

viernes, 9 de enero de 2015

LA CONCIENCIA

 MICRORRELATO

    Considero la conciencia como lo que realmente somos las personas, lo más profundo del ser humano. Es la que nos ayuda a tomar decisiones de una forma única en cada individuo y que nos distingue de los demás.
  Es, en definitiva, la esencia de nuestras actuaciones y nuestro comportamiento, la que nos proporciona la información para comprender el camino correcto que se debe seguir. 
    No sé si la conciencia duerme, lo que sí hace es descansar cuando estamos en paz con ella.

Autor: Imanol Quintero Bermúdez. 6º Nivel.


MICRORRELATO

    Tenía tras mi ventana una noche fría y lluviosa, pero no, no era eso lo que no me dejaba dormir.  Era mi dichosa conciencia, que me avisaba, me juzgaba por todas esas cosas que había hecho durante la mañana.
   Intentaba aconsejarme o animarme, pero yo no la escuchaba. Ella no me dejaba tranquila hasta que le hiciera caso. Seguía manteniendo su lucha entre el bien y el mal, me molestaba, aunque eso no era malo porque solo quería ayudarme.
    Al final, cedí y pude caer en un profundo sueño.



Autora: Aitana Bordón Reyes. 6º Nivel.

LA CONCIENCIA 2014/2015

MICRORRELATO   

    En un lugar de mi cerebro, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho que vivía un ser microscópico que tenía una casita en mi cabeza. Era vecina del Razonamiento, un amable bichito amigo suyo. Nuestra amiga se llamaba Conciencia. Todo el mundo dice que tiene mal carácter, siempre refunfuñando, rechistando… Es muy pesada. Por eso algunos la llaman Doña Gruñona. Y es que es normal que esté de malhumor, si no tiene tiempo para descansar. Me pregunto cuántos cafés debe tomarse para no quedar profundamente dormida. Su vida es muy dura: está todo el día en su puesto de vigilancia, lleno de cámaras que ven todo lo que hacemos. Lee y relee todos nuestros secretos, las cosas inexplicables que hemos hecho. Cuando percibe una mala acción, agarra el micrófono y empieza a advertirte de que algo no está bien. A veces es insoportable, pero se callará cuando resolvamos la lista de los problemas pendientes, aunque parezca imposible. También nos felicita cuando ayudamos y empatizamos, y da gusto oír cómo nos dice lo bien que lo hemos hecho.
   Aunque hay que recordar que nuestras fechorías no tienen fecha de caducidad. La conciencia estará ahí para recordarte todos y cada uno de tus errores. A veces nos ayuda a tomar decisiones o nos predice las consecuencias de nuestras acciones. De vez en cuando, se pelea con la curiosidad, porque una quiere fisgonear, y la otra, no opina igual, ya que es precavida. La conciencia puede resultar insoportable, pero ella trabaja sin sueldo día y noche, hasta en sueños, sin días de vacaciones y sólo para nosotros. ¿Por qué? ¿No es evidente? Aunque sea una pesada y un poco malhumorada, ella nos quiere. ¿No deberíamos agradecérselo?


      Autora:  Amanda Rodríguez, 6º Nivel


MICRORRELATO
    
      Algunos  comentan que la conciencia te dice lo que está bien o mal. Pero yo no opino eso, bueno, yo lo diría o lo expresaría de esta manera: Me ayuda. Algo que me parece muy interesante. ¿En qué me ayuda? Mmm… Pues a tomar decisiones, a ser responsable de lo que ocurre a mi alrededor, a elegir, a tomar conciencia de la realidad,  a darme cuenta de cómo cambia esa realidad en cada momento delante de mí y a ponerme en el lugar de los demás.
Ella es una de las cosas que más me importa.
Vive en mí, aunque no sé dónde porque la mía es un poco inquieta, una vez esta aquí, la otra allá, bueno tú ya me entiendes.
No sé si duerme, pero la siento mucho más potente, pensativa y sabia que yo. Ella se hace notar sólo cuando es necesario.
La conciencia crece solamente cuando el conocimiento de su propietario crece.
Yo creo que, dependiendo de la personalidad de cada ser humano, su conciencia es diferente de las otras conciencias.
Te voy a contar un secreto. Para poder hacer esta redacción, la conciencia salió de mí, se sentó a mi lado y me dijo:
- ¡De aquí no te mueves hasta que escribas algo maravilloso sobre mí!
Yo, con una sonrisa en la cara, la miré y empecé a escribir lo que tú ahora estás leyendo.
Ella vino cuando yo vine, lo único es que siendo un bebé, todas las noches que yo no podía dormir salía de mí una gentil y bella mujer que  me acariciaba y me susurraba al oído que no había nada que me pudiese hacer daño, que siempre estaría a mi lado. ¡Oh, dulces palabras que estarán  conmigo hasta que  llegue mi hora!

 Autora:  Ada Mar Romero Méndez, 6º Nivel

jueves, 10 de abril de 2014

Manolo González, escultor del Tritón, nos escribe. El Tritón de La Laja. 2013/2014.

¡Hola, otra vez!

¡Acabo de leer los microrrelatos, y, por favor, haz llegar a sus autores mi felicitación y gratitud. Me han gustado mucho, Cuando hago una obra pública, soy consciente de la responsabilidad que se asume, al convertirse la obra en parte del imaginario de la ciudadanía..., después de leer estos relatos, me reconforta saber que la obra, ya no es sólo mía, sino de todos, y es capaz de motivar y hacer ver más allá de lo simplemente dado, que es la principal función del arte.

Otra vez, muchísimas gracias por participarme del trabajo de los alumnos y, por favor, hazlas extensivas a ellos.

Saludos muchos


Manolo González





Microrrelato 
¡Ella se reía tanto después del baño en la orilla del mar de La Laja...! Y como la risa es la mayor provocadora, asomó la cabeza para ver lo que le pasaba a un Tritón que vivía en un palacio dorado.
-¡Un Tritón!- grito ella.
El Tritón tranquilo y sonriente y con una caracola en las manos le preguntó: ¿puedes decirme en qué  playa estoy?
Nayra Santana


Microrrelato 
Hoy me despierto con la vida de bronce, viéndolo todo de color turquesa, mis brazos, mis piernas, mi cara, todo yo soy acariciado por la brisa del mar. Mi caracola rozándome la cara. Mi temperamento es querido, mi belleza es deseada o criticada, pero yo soy el Dios del Mar, aunque antes de colocarme en mi altar me hayan partido en trozos. Yo sigo avisando con mi bella caracola de los peligrosos temporales del Océano Atlántico.
Laura Arnaiz



Microrrelato
Desde un lugar privilegiado observo las montañas y el mar, donde yo vivía felizmente antes de estar aquí. Ahora, hecho de bronce, no me puedo mover, ni tampoco tocar mi caracola, que a las olas gigantes hacen amainar. Me impongo por mi poder y grandeza aquí arriba, pero cada vez que puedo, abandono mi cuerpo y me escabullo bajo el mar, al palacio dorado, con mis padres y más allá.

Javier Rivero

El tritón de La Laja

Microrrelato 
Era el momento más confuso para dioses, semidioses y criaturas mitológicas; en especial para el Tritón. La gran guerra había empezado entre el Imperio Romano y la Civilización Griega; todos tenían que escoger, o Griegos o Romanos. Y el pobre Tritón iba a dejar de ser Dios para convertirse en una simple criatura mitológica; y para colmo, ¡le iban a prohibir nadar en el Mar Mediterráneo! De repente, se acordó de unas islas paradisíacas en el Océano Atlántico,  y dijo: ¡Iré a vivir a Gran Canaria!

David García

Microrrelato
Un día me encontré en el magnífico Océano Atlántico. La gente me miraba con respeto, algunos valientes incluso se atrevían a acercarse, sabían que este océano me pertenecía. Estaba impresionado. Por fin podía nadar como pez en el agua, jugaba con el mar. Con mi caracola calmaba o alertaba de las turbulentas olas que surcaban la playa de La Laja. Esa brillante agua me acariciaba la cola bronce, bronce como la arena que me rodeaba. Siento una felicidad inexplicable, yo soy y aquí estoy, el Dios del Mar.
Mireya Sánchez


 Microrrelato 
Me pregunto por qué estoy aquí, qué hago yo todos los días, y lo más importante, por qué existo, quién me creó y para qué sirve la caracola. Lo único que sabía es dónde vivía -en las profundidades marinas en un palacio dorado- y mi padre se llamaba Neptuno; sí, Neptuno, ese Grandioso Dios con un Gran Tridente.
Christian.

El Tritón de La Laja

Microrrelato 
            Soy un dios y me encuentro en La Punta del Palo, en La Laja,  me atrevo por la noche a nadar por mis aguas. Toco mi caracola y calmo las olas. Me sumerjo para visitar mi palacio dorado. Luego, al amanecer, vuelvo a mi tumba de bronce.
Ana Díaz



Microrrelato 
Me escapo del altar a mi palacio dorado. Aviso con mi gran caracola de los ruidos del mar. Buceo por el Océano Atlántico absorbiendo las dulces olas que acarician mi cara. Mi bella cola hecha de bronce que baila con mi cuerpo, surca veloz el espacio azul. Voy de un sitio a otro sin parar. Me llaman “GUARDIÁN DE  LOS DIOSES”.

Alexia Díaz

Microrrelato

Mis padres me habían avisado. Pasaría de ser uno de los más poderosos dioses del mar a ser homenajeado y representado en una gran escultura de bronce. Estaba colocado en un precioso paisaje, aunque fuera del mar. Soy hermoso. Estoy hecho totalmente de metales brillantes, y situada en mi mano, delante de mi boca, tenía mi adorada caracola para así poder hacerla soplar. A mi alrededor observé unas pequeñas figuras que me miraban asombradas.
Echaba de menos mi hogar: mi palacio dorado, mis padres, mis hijos, los ciudadanos de mis queridas profundidades… Pero tenía la sensación de que allí estaría genial y que la gente que habitaba ese lugar me adoraría como al único dios. Así que, para empezar mi nueva vida, hice sonar un bárbaro sonido con mi caracola.

Claudia Santana

domingo, 9 de marzo de 2014

El microrrelato.

¿Por qué?

Como profesora de Lengua española y durante años consecutivos, tanto en Sexto de Primaria como el Primer Ciclo de la ESO, he podido comprobar que en estas edades, el género narrativo “cuento” no es apreciado por la mayoría del alumnado. Tal vez sea porque es necesario respetar una estructura organizada y esto produce en el alumnado un rechazo previo que le desanima ante la tarea propuesta: 
  • Configuración del mundo ficticio mediante elementos diversos: ambientes, épocas, personajes, empleando distintas formas de expresión. 
  • Desarrollar un nudo y cerrar su tema planteando un oportuno desenlace, el cual, según el caso, puede resultar esperado o inesperado.


En mi afán por encontrar un estímulo que no provocara una queja por el texto sugerido o bien por la pereza de construir uno que ellos consideraran posiblemente lejano a sus intereses, descubrí con agrado que a mi alumnado le gustaba mucho mucho que le leyera, luego que había un tipo de lectura que prefería escuchar más que otro y posteriormente que el microrrelato le fascinaba porque era un relato corto y porque generaba debate, discusión o incluso asombro, pues todos no entendían lo mismo y además deseaban comprenderlo. Así aprendieron que de todo, de todo se puede escribir aunque no tenga un desenlace, o no aciertes a imaginar un final o que cualquier situación la puedas transformar, que combines parte real y parte surrealista, que un camello conozca lo que es un ecosistema volcánico, que puedas acurrucar a una estrella, o, o…, y que cada palabra nueva tenga un hueco esperándola en otro relato y en otro y en otro. Y además, como son relatos breves, puedes escuchar los 25 restantes y aprender de ellos, aplaudiendo las ocurrencias o el doble sentido o las metáforas empleadas por sus compañeros y compañeras. 
Julia Arnaiz Castro